Desde niño te gusto jugar a la pelota en la barriada de tu pueblo, ese mismo que vio nacer a Pelé tú ídolo de siempre, soñabas con parecerte a él algún día. Los zapatos gastados y las rodillas peladas fueron quedando en la niñez y empezaste a disfrutar de los estudios, querías ser profesor y enseñar a esos niños de los cerros, de los campos que conocieran las letras como había sido tu gran logro.
A Pelé lo seguiste admirando y gritabas a todo pulmón cada gol que anota en el equipo de Brasil, por él conociste Chile. Querías viajar al Mundial de Fútbol de 1962 a apoyar la selección, pero era muy caro, tus ahorros eran escasos. Solo lo escuchaste en tu pequeña radio a pilar y gritastes con los chicos del equipo del barrio, cuando salió campeón. ¡Brasil campeón, Brasil campeón! ¡Viva Pelé!
El futuro era incierto y el esfuerzo para ingresar a la Universidad de Sao Paulo fue grande, pero el amor propio era mayor había que sacar la carrera a todo dar. Lo logrates con méritos especiales. Ya con el cartón de Físico en la mano, podías cumplir tu sueño de viajar a Chile, más aún cuando en ese país se estaba viviendo una revolución social única, y querías ser parte de ella. Con una mochila llena de esperanzas viajaste al fin.
Los compañeros chilenos abrieron sus brazos para recibirte, junto a otros latinoamericanos que llegaron a poner su hombro en el trabajo social del Gobierno de Salvador Allende. Las horas las dividías dando clases en la Universidad Técnica del Estado y la población con palas y martillos construyendo viviendas populares. Te sentías uno más de ellos, junto a la compañera que habías elegido por esposa.
Toda esa solidaridad que tenías por entregar fue manchada por el dolor, la tristeza del Golpe de Estado del 11 de Septiembre de 1973. Estabas tranquilo, eras extranjero y eso te favorecía, Así lo comentaban a los amigos esa noche en la comuna de Barrancas, donde vivías, al saber la detención de algunos pobladores y la muerte de otros. Habían caído muchos dirigentes y estabas dispuesto ayudar, para que esta desgracia caída sobre el pueblo chileno no siguiera. No sabías que serías el próximo en caer. El 14 de Septiembre un pelotón de Carabineros te saca de tu hogar y te llevan al Estadio Nacional. A ese mismo estadio que había querido conocer, donde había jugado Pelé Ya no se escucha el eco de los goles, solo sollozos y lamentos de dolor. Las galerías del estadio están repletas, pero no de fanáticos del fútbol, que alientan a su equipo, sino de detenidos, con rostros demacrados, que miran con nostalgía las cancha y el arco recordando el último partido, a lo mejor muchos ellos, si vieron a Pelé meter un gol.
Los altoparlantes dicen tu nombre LUIZ CARLOS DE ALMEIDA, te acercas a la reja para identificarte. Algunos compañeros se despiden de ti con un abrazo. Los tranquilizas. “No se preocupen, ya vuelvo…….”
Esa noche te llevaron a la orilla del río Mapocho y te obligaron a adentrarte en sus aguas, mientras un pelotón te disparaba cobardemente por la espalda…
Amigo Luiz Carlos lograrte conocer Chile y su Estadio Nacional, yo sigo en Brasil, al otro lado de la Cordillera de Los Andes, esperando tu regreso y escuchando los partido en tu vieja radio junto a los chicos del barrio.
HILDA. E. ESPINOZA F.
Mayo 2006
LUIZ CARLOS DE ALMEIDA
Brasileño, casado, profesor universitario, detenido desaparecido el 14 de septiembre de 1973 en Santiago.
Luiz Carlos de Almeida fue detenido ese día por efectivos de Carabineros y trasladado Estadio Nacional, y desde esa fecha permanece desaparecido. De acuerdo al testimonio de un sobreviviente, ambos, exiliados políticos y simpatizantes del MIR, fueron detenidos por Carabineros en su domicilio, ubicado en la entonces comuna de Barrancas, y conducidos a una Comisaría del sector; durante la noche los trasladaron hasta el Estadio Nacional, donde se les interrogó bajo torturas. Luego, acompañados de un tercero, también extranjero en no ha podido ser identificado, fueron trasladados por una patrulla militar una de las riberas del río Mapocho. Allí los militares los obligaron a adentrarse en las aguas mientras los ametrallaban por la espalda.
Considerando los antecedentes reunidos y la investigación realizada por esta Corporación, el Consejo Superior llegó a la convicción de que Luiz Carlos de Almeida fue detenido y hecho desaparecer por agentes del Estado mientras lo mantenían privado de libertad. Por tal razón, lo declaró víctima de violación de derechos humanos.
(Informe de la Corporación)